¿Tierra de nadie? Proética e IPAE organizaron recientemente el “Foro Empresarial Anticorrupción”, una excelente iniciativa de reflexión en torno a uno de los problemas más serios de nuestro país ya que nos ataca perforando los cimientos morales de la sociedad y debilitando la precaria estructura institucional que tenemos, dejando en jaque la viabilidad de nuestro propio desarrollo. Por algo la corrupción es el tema con mayor nivel de repudio en la comunidad empresarial del mundo desarrollado, sin que eso signifique -obviamente- que por esos lugares estén del todo blindados. Tuve la oportunidad de participar en dicho foro como parte de un grupo de aproximadamente 50 empresarios y ejecutivos locales y encontré varios temas interesantes para compartir en esta columna. En primer lugar, como inaugurando el evento, se presentaron los resultados de la V Encuesta Nacional sobre Corrupción, realizada por IPSOS – Apoyo en el 2008. Agárrense con los resultados!!... - 80% de los encuestados considera que el Perú es un país corrupto o muy corrupto. - El 43% considera que en 5 años la corrupción aumentará. - El 55% considera que la corrupción de funcionarios y autoridades es el principal problema que enfrenta el Estado para lograr el desarrollo del país - 49% no tiene confianza en ninguna institución del Estado (Defensoría, Iglesia, Policía, Fuerzas Armadas o Poder Judicial). Esta realidad es muy preocupante y nos debe sensibilizar a todos en el país ya que es una triste y decepcionante lectura de lo que se vive en el día a día en el Perú y que puede desencadenar lentamente, de forma espontánea, una nueva forma de hacer justicia: “con las propias manos”. Lo anterior es un camino seguro para instaurar lo que se conoce en el mundo como Tierra de Nadie. Y me temo que no debemos estar muy lejos de esa situación. Más del 70% de los encuestados reconoció tener una tolerancia media frente a eventos cotidianos de corrupción tales como evitar el pago del pasaje (78%), comprar productos piratas (78%), no pedir factura para evitar el IGV (80%), pagar propinas para que te perdonen una multa (78%) o dar un obsequio o dinero para agilizar un trámite judicial (76%) o municipal (74%). Lo más preocupante es que en todos los casos estas mediciones vienen aumentando de forma sostenida durante los últimos cinco años, de la mano con el crecimiento de la economía. Es decir, mientras estemos creciendo ese tema “no nos importa”. El desafío del foro fue obtener respuestas claras desde el sector empresarial frente al problema de la corrupción. Los participantes nos planteamos escenarios frecuentes de corrupción y nos obligamos a plantear soluciones concretas. Algunas propuestas de acción incluyeron el refuerzo de las normas, mejorar la educación, efectivizar las sanciones, corregir salarios bajos en instituciones claves (poder judicial y policía), crear una defensoría anticorrupción e implementar una estrategia conjunta entre el Estado y el sector privado para luchar contra este flagelo desde ambos frentes, entre otras propuestas. Todas estas ideas tienen una importante dosis de buena intención y reflejan claramente una posible salida del problema, al menos teórica. Sin embargo, me quedé pensando si faltaba algo más para que funcionen. ¿Cuál es el alcance real que tiene la corrupción en nuestra sociedad? ¿Cuántos peruanos podemos afirmar que nunca hemos estado cerca de algún tipo de corrupción, así sea muy pequeña? ¿Qué tipo de actitud hemos tomado al respecto? Apostaría a que muchos en el Perú, de alguna forma y al menos alguna vez, directa o indirectamente, hemos hecho un quiebre a lo correcto, por diversas razones y en diferentes circunstancias (seguramente la piratería gana por lejos). Quizás sea que estamos acostumbrados a asociar la palabra corrupción con mega-casos corruptos, pero los del día a día, aparentemente inofensivos, no los etiquetamos como tales y por tanto no nos afectan. Así las cosas, el problema de la corrupción en nuestro país podría ser un poco más complicado de lo que pensamos, quizá bordeando lo sistémico, metiendo a casi todos en el mismo saco de indiferencia. Frente a esta situación cualquier receta única que pretenda una solución sostenible terminará siendo inocua si es que no nos involucra a todos. Esta es una realidad que, colectivamente, debemos primero aceptar, después afrontar y luego intentar cambiar con un máximo esfuerzo individual. ¿Se anima? |