El Director Ejecutivo de Proética, Walter Albán, advirtió que continúa incrementándose el descrédito del Congreso de la República y la enorme desconfianza ciudadana en esta institución, tras la manera como quedaron reducidas a simples amonestaciones, las sanciones dadas por el Pleno a tres congresistas cuyos procesos disciplinarios arrojaron indudables responsabilidades.

 

En referencia a tales amonestaciones, aplicadas a los congresistas Clayton Galván y Yesenia Ponce de Fuerza Popular, y Elías Rodríguez del APRA, en la sesión del Pleno del Congreso del miércoles pasado, recordó que las propuestas alcanzadas por la Comisión de Ética había planteado sanciones de suspensión hasta por 90 días para el primero, 120 días para la segunda, y 30 días para el último.

 

“El resultado fue pues deplorable y debe dar lugar a una profunda revisión en lo que se refiere al control disciplinario de los congresistas, hecho por otros congresistas”, dijo Albán en la última edición de La Voz de Proética.

 

En el caso de la parlamentaria, Yesenia Ponce, indicó que precisamente Proética había presentado directamente la denuncia ante la Comisión de Ética, en octubre del año 2016, recalcando que la falta cometida por la citada legisladora, había sido no solamente grave, sino que había quedado plenamente registrada en una grabación de la sesión del Consejo Regional de Áncash que se había celebrado días antes.

 

“Actuando prepotentemente y asumiendo un rol absolutamente ajeno a su función congresal, logró imponerse para impedir que pueda revisar un sospechoso acuerdo de ese consejo, adoptado en una sesión anterior. De esa manera, se consumó un oscuro procedimiento tendiente a legitimar un probable tráfico de terrenos, perjudicando el proyecto de irrigación de Chinecas, de interés para toda la población de Áncash”, señaló.

 

Asimismo, Albán lamentó que el presidente de la Comisión de Ética, Segundo Tapia, no hiciera respetar el dictamen de dicha Comisión. Por ello, propuso que se revisara el régimen disciplinario de los parlamentarios así como regular en paralelo sus eventuales conflictos de interés.

 

“Es tiempo también de establecer un mecanismo que nos aleje del viejo y negativo dicho que dice "otorongo no come otorongo" y hacer que quienes ventilen y sancionen estos procesos, no sean los mismos congresistas. Fórmulas pueden haber muchas, lo urgente es discutirlas de una vez y encontrar una que funcione. Un Congreso desprestigiado no es bueno para el país ni para la democracia, pero toca a los propios congresistas tomar la iniciativa para cambiar esta lamentable situación”, finalizó.      

 

 

 

 

Foto: Agencia Andina